miércoles, enero 09, 2019

Mi buen amigo Andrés

Mi  buen amigo Andrés:
Te has ido dejando en nuestros corazones el dolor del amigo que nos ayudó a comprender el mundo y sus crueldades. Con él aprendimos el valor de la integridad y la dignidad,  a  poner los principios por encima de las ideologías. Te conocimos a través de la editorial ZIX. Tú primer contacto con Burgos fue en la presentación de dos de tus libros, uno sobre Antonio Machado y otro sobre Miguel Hernández. Después vendrían muchos más, Las Voces del Estrecho, Yo García Lorca,  tus antimemorias de ese comunista incómodo y tantos otros. Como no recordar  nuestras cenas cuando nos contabas tus andanzas por el mundo, tú paso por Radio Pirenaica, tus viajes a Cuba y  a los países del telón de acero que tanto te marcaron, o los enfrentamientos con el Partido Comunista al que tuviste que abandonar por conservar la coherencia de los principios que te acompañaron a lo largo de tu vida. Que suerte haberte conocido Andrés, que suerte haber compartido momentos de tu rica vida, que suerte habernos querido y habernos entregado.  Gracias Andrés por todo lo que nos diste y por todo lo que nos dejas.  Que la tierra te sea leve.  Un abrazo entrañable para su compañera Ana y toda la familia.

En poco tiempo nuestro pequeño panfleto “El Perdigón”  ha perdido a tres personas que lo hacían grande, Virgilio Mazuela, Carlos Gómez y ahora Andrés Sorel. En la memoria de los que seguimos construyendo utopías y luchando a fondo perdido,  seguiréis vivos.

sábado, diciembre 29, 2018

perdigon 89 : La navidad mata






LA FUERZA OSCURA
por BISCUTER

Primo Levi escribió en 1974 que cada tiempo tiene su fas­cismo. Las señales premonitorias de éste se observan, allí donde la concentración de poder niega al ciudadano la po­sibilidad y la capacidad de expresar y ejercer su voluntad democrática. A esta situación se llega de muchas maneras, no necesariamente mediante la porra o desfilando al paso de la oca, sino “…negando y distorsionando la informa­ción, corrompiendo la justicia, paralizando la educación, difundiendo de muchas y sutiles maneras la nostalgia de un mundo en el que el orden reinaba soberano y en el que la seguridad de unos pocos privilegiados descansaba sobre los

jueves, octubre 11, 2018

Perdigón 88: Bombas inteligentes




“MI NOMBRE ME HA MARCADO PERO LO HE LLEVADO CON ORGULLO Y DIGNIDAD” por Marcos Erro García

Se llama Libertad. Y claro, llamarse así en un país que estuvo 40 años cerrado a cal y canto no es cualquier cosa. Todavía, cuando la citan en el médico, sabe si la persona que la nombra es de su “cuerda” por el gesto de la cara cuando levanta la mirada del papel. “A mí me llamaron Libertad porque nací en el 33, en la República, y mi padre era republicano”.
Su padre era José Porcar, nacido en la Torre d’En Besora, un pequeño pueblo incrustado entre dos sierras del interior de Castellón. José era hermano de Benito y ambos eran miembros de una familia que se ganaba la vida con lo poco que tenía a su alcance. “Mi padre y mi tío se entregaron cuando acabó la guerra porque los franquistas dijeron que no iban a hacer nada a quién no tuviera las manos manchadas de sangre”. Su inocencia les salió cara. José sufrió cinco años de cárcel, entre los que tuvo que desembarazarse de una pena de muerte. Benito no tuvo tanta suerte. Tras pasar por varias prisiones, acabó como mano de obra esclava en la construcción del Valle de los Caídos. Su familia no volvió a verle. Las autoridades justificaron su asesinato con un “ataque al corazón”, pero Libertad sabe que “les dejaban preparar las fugas, para, cuando estaban huyendo, dispararles”.

José y Benito tenían otro hermano, Miguel, que no confió en las envenenadas buenas intenciones de los vencedores y se echó al monte. Nunca más se supo. Los rumores y las leyendas sobre lo que pudo ocurrirle llegan hasta el día de hoy. Rosita era hija de Miguel, una mujer frágil que tuvo que enfrentarse a la soberbia de la España nacional-católica. Libertad sintió el dolor y la necesidad de su prima Rosita y, con el olfato de las de abajo, le dijo que se fuera a vivir con ella a Vila-real. Quién no querría vivir con Libertad. Juntas resistieron a los afilados desprecios que volvían a abrir una herida que sigue sin cerrarse. “Nosotras éramos las del silencio. Siempre calladas. Siempre calladas”. Tuvieron que soportar que las retrataran como la anti-España, cuando la dignidad de mujeres como ellas era lo más valioso que quedaba en aquel país negro y ensangrentado.
Pasado el tiempo, Libertad fundó una familia que te abraza como ninguna y, acabada la dictadura, creó sin darse cuenta una república sin banderas en un maset junto a un río. Porque ella no ha leído los manuales de política. El libro es ella. Si sabes leerla, cada día te regala un capítulo. Me enseñó hace más de veinte años que la generosidad y la vida tienen las puertas abiertas. Como sabe lo que es el hambre, siempre quiere que comas más y te dibuja la felicidad en un plato de arroz. Si no has estado en su casa, no has probado la mejor paella del sistema solar.
Hacía casi veinte años que no la veía. Las veces que hemos hablado por teléfono en este tiempo siempre me preguntaba si me acordaba de aquellas


Marcos Mesa


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