jueves, marzo 08, 2012

ENGAÑABOBOS

No cabe ninguna duda de que los lenguajes mutan, transformándose de acuerdo al curso de los tiempos. A veces se modifican influenciados por aires forasteros, otras lo hacen por modas puntuales y, muchas veces, cambian con la única intención de sepultar aquellas palabras que acusan sin piedad a todos aquellos que detentan poder. Los pueblos, a través de la historia, siempre han usado palabras rabiosas para tratar de desenmascarar la podredumbre que llevamos dentro.
Nada mejor que unos pocos ejemplos para visualizar lo que quiero decir: Al empresario o al patrón, ahora se le llama “emprendedor”. Congelar el salario se denomina en estos tiempos “mejorar la competitividad”. La violencia de género, presente como tal en nuestro vocabulario hasta hace unos días, ha pasado a llamarse “violencia en el entorno familiar”. Las rebajas fiscales a los más ricos se conocerán, desde ya, como “ayudas a los ahorradores”. Abaratar el despido y dejarlo en cueros, ahora se le llama “flexibilidad del mercado laboral”. Los recortes responderán a “reformas para generar empleo”. A la tortura en Guantánamo el gobierno americano lo llama: “Nuevos métodos para la información”… etc., etc. Esto viene a ser, hablando en plata, cambiar la palabra y dejar el contenido, con lo cual todo sigue igual, que es lo que se pretende. Cada vez usamos menos palabras claras y explícitas como “ladrones, sinvergüenzas, explotadores, avaros, sanguijuelas, mentirosos, mal nacidos…” Vocablos que el diccionario recoge y que definen, sin lugar a dudas, a todas aquellas personas que van por la vida haciendo uso de diversas malas artes para provecho propio. Estos sustituidores de palabras a veces tratan de ser tan finos, tan políticamente correctos, que a la mierda la llaman hez, que es denominación más exquisita. Al hilo de esta última frase, me viene a la memoria aquella historia que contaba Luis Buñuel sobre su amigo Federico García Lorca: Acababa el poeta granadino de terminar su obra de teatro, Amor de don Perlimplín con Melisa en su jardín, y reunió al pintor Salvador Dalí y al propio Buñuel para leérsela y recabar su opinión. Cuando terminó el primer acto, les preguntó qué les parecía. Buñuel respondió que la historia era sólida y original, que tenía interés y que estaba maravillosamente bien escrita. Si acaso, demasiado bien escrita –dijo-; tal vez por momentos algo ornamentada y evidente, pero que era solamente una opinión. Lorca miró entonces a Dalí, y éste dijo sin dudar: “Estoy de acuerdo con Buñuel, es una mierda”.
Muchos otros términos están cayendo en el olvido, entre ellos el que encabeza este escrito: ENGAÑABOBOS. Esta palabra se usaba mucho hace años, significando lo bobos que eran aquéllos que, una y otra vez, y siempre por los mismos, se dejaban engañar. Hoy es el día en el que podemos afirmar que, en España, somos más de veinte millones los bobos que cada cuatro años nos dejamos engañar por los mismos bribones. Engañabobos es una palabra que trata de avisarnos, de decirnos que la culpa del engaño no es de quien lo comete, sino de quien se deja engañar. Pues, bien mirado, hay que ser bobo, pero que muy bobo, para poner nuestro destino en manos de una clase política como la que hoy gobierna España, Europa y el mundo en general… Pero, como dice el refrán, “en todas las casas cuecen habas, y en la mía a paletadas”, lo que, traducido, sería: “bobos hay en todas partes y en mi país somos montones”.

El abuelo libertario.

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