domingo, octubre 19, 2014

Mª JESÚS FERNÁNDEZ, HECHICERA EN EL ARCHIVO MUNICIPAL

por Mª Socorro Aragón y Eduardo Nabal.

Hay noticias que te paralizan como una corriente de aire helado que entra por una ventana mal cerrada. Esta me la han hecho llegar los que conocían el gran cariño y el largo entendimiento que nos unía. “Se ha muerto Chus" No podía ser. He vivido muchas otras muertes porque mi trayectoria vital es ya larga y creía haber aprendido a aceptar la muerte como esa parte de la vida que dicen que es. Pero no esta muerte. Chus era una imagen joven de vitalidad, de movimiento, de ideas, de creatividad contracorriente, de inconformismo. Una visitante inesperada, pero con la capacidad de sonreír aunque todo pareciera irle en contra. Optimista y amante de la cultura. Solía repetir que de todo se aprende, pero lo suyo era transformar y transmitir lo que aprendía. Su cabeza era un manantial de hallazgos que brotaban de lo que oía y veía, a cualquier hora y en cualquier lugar, siempre con el mismo fin: que otros -en especial los y las estudiantes de todas las edades y condiciones- aprendieran a ver lo que los rodea y está al alcance de su mano con una mirada nueva. El más oscuro documento del Archivo daba lugar en su mente a un pretexto didáctico, un lugar lúdico. Poesía en medio de la prosa que nos gobierna. Unía el pasado con el presente y convertía lo arduo en interesante y divertido para que llegara a todos sin distinción. Todo lo vivía a fondo, incluso los malos tragos que proporciona esta ciudad. ¿Quién podrá olvidar los creativos disfraces de bruja o clown con que recibía a los grupos de alumnos/as que acudían a sus actividades en el Archivo cada Carnaval y que resumían en su imagen el contenido cultural, artístico o social de cada temporada? 

 No cabría en esta columna una enumeración de todas las actividades que llevó a cabo (y, sin duda, otros/as la harán). Tuve la suerte de colaborar en alguna de ellas y fui testigo de lo que significa trabajar con entusiasmo, sin complejos, sin ver nunca límites ni dificultades para que nada faltara a sus proyectos. Se preguntan en su familia cómo entrar en su cuarto de trabajo y qué hacer con todo lo que tenía iniciado. Es de desear que alguien coja tu testigo. 

Chus tenía en cuenta que no todos los grupos de estudiantes que acudían al Archivo eran iguales ni lo eran cada uno de los niños que la escuchaban con una atención que sorprendía a los propios profesores que los acompañaban. No tenían porque serlo, ya que tampoco había nadie igual a ella. Los captaba y la seguían porque la didáctica le era algo natural, como si formara parte de su personalidad. Con ella se va una gran amiga, una compañera solidaria y un ejemplo a seguir por muchos que no saben sacar magia de cualquier rincón. A veces pienso que volverás montada en una escoba sobrevolando con una sonrisa abierta y dialogante una ciudad que no te merecía.
Nunca pensé, Chus que tu vieja amiga tendría que escribir estas líneas. De verdad. Desde mi dolor, no tengo más remedio que ofender tu natural sencillez para decírtelo: “eres irrepetible”

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