lunes, abril 20, 2015

...Y Franco murió en la cama.

por Rubén de la Peña

          De entrada asumir mi parte de responsabilidad. He participado de este sistema como el mas conformado y aturdido pero esto no me ciega a la hora de analizar la situación. Choca la efervescencia política con la realidad social actual. Se palpa un triunfalismo que no tiene nada que ver con unos momentos, con una injusticia que sabe agotar sus plazos y sus tiempos. La esperanza que se subraya el 24 de Mayo como el rapto liberador de todas nuestras desdichas no es otra cosa que el espejismo para nuestra sed. Nos trasmiten la sensación de que la fecha de las elecciones marcará el antes y el después, que se elevará la razón aupada por la regeneración, la reforma y la ética. Sin darnos cuenta que, nuevamente, nos han ganado la batalla. Hakim Bey decía que el arte era el proceso de creación, lo que duraba la realización de la obra de arte, no la pieza resultante.  El cuadro, la escultura, la performance son las cenizas de la hoguera que prendió el proceso creativo; no es el resultado son los desechos del arte. En el mundo de la política no puedo mas que pensar de esa misma manera. Nos quieren hacer creer que los partidos de nuevo envase y la oportunidad de las próximas elecciones son el crisol de todo un proceso. El catalizador de las soluciones al sufrimiento social. Cuando son, precisamente, la factura de toda esperanza. Cenizas de la hoguera.
          El capitalismo más feroz ha vencido. Rajoy ha ganado en la medida en la que hemos permitido que termine su legislatura. El calendario del PP ha pasado lo más difícil. Llegan las elecciones y las medidas se suavizan. La garra  que aprieta se pone un guante y afloja conformándose en sujetar y no llegando a extrangular. Ahora nos vienen con la idea de que determinados partidos políticos han nacido para vengar las ofensas que, como ciudadanos, no hemos sido capaces de resarcir. Pero es tarde, la primera batalla ya la han ganado: el gobierno terminará su legislatura. La lucha social no ha sido suficientemente fuerte. A ello, reitero, ha ayudado la idea de los partidos vengadores pidiendo la delegación y el voto como pago a sus futuras justicias.
          La meta de las urnas, la campaña, el nacimiento de partidos son acaso las pavesas de lo que hace apenas un año era un verdadero incendio social. La injusticia en armas. Una nueva experiencia en la que se nos pide, se nos instruye a la pasividad, a nuestro regreso como espectadores. Si para los ríos, que se desbordan y reclaman como cauce propio y natural terrenos aledaños, se fabrican presas y diques; para las clases populares, capaces de revueltas y luchas, se crean parlamentos y plenos para que no actuen.
          Parece que una vez más todo se ha conjurado para la quietud y el beneficio. Se ha soltado lo justo y se ha permitido lo necesario para que el descontento social quede contenido en la esperanza de los partidos de nuevo envase. La historia, péndulo de nuestro tiempo, se repite con un Rajoy que termina su candidatura, como un Franco que murió en la cama.
    

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