lunes, diciembre 28, 2015

¿UNIDAD, O CONFLUENCIA?

 por RUFINO HERNÁNDEZ

   Todo se paralizó. Había que escuchar al parlanchín de turno, para que nos dijese el programa que tenían preparado para el pueblo  y que llevarían adelante, durante estos cuatro próximos cuatro años.
    En esto se han convertido las campañas electorales. En la precampaña nos repetían, en continuo machaqueo, "que había que empoderar al pueblo, que éste era el artífice de su destino" .Pero no, llega la campaña y la cúpula de los partidos, no solamente nos confecciona el programa, sino que nos impone el caudillo de turno, y, además, nos llaman a votar para que defendamos su puesto de trabajo y el de sus amiguitos, al tiempo que nos enfrentan en acalorada discusión bizantina, para que dilucidemos nosotros, quien de estos caudillos es el más alto, el más guapo o guapetón, modula su voz y coordina mejor sus gestos.
    Lo peor de esta práctica, lo que verdaderamente fastidia, por no decir tacos, es que los que se dicen ser representantes de la nueva política, también caigan en estas actitudes.
    Lo que es verdaderamente curioso, y así lo constatamos elección tras elección, es que al día siguiente de los comicios, ninguno de estos reyezuelos ha perdido; ningún atisbo de autocrítica sobre en qué se podrían haber equivocado. Que esto suceda en los partidos tradicionales´´ llamados de la vieja política, lo podemos entender, todos conocemos sus mierdas, pero que suceda en los que se llaman de la nueva política, es, por decirlo de una manera suave, lamentable.
    Nadie de estos nuevos líderes han hecho alusión alguna al error de no haber llegado a la confluencia política; confluencia que tenía que haberse dado entre estos partidos que únicamente les diferencia en que unos, al analizar la sociedad, la dividen entre los de "arriba  y los de abajo", y  los otros al hacer el mismo ejercicio de estudio, la dividen entre "izquierda y derecha".
    Este mismo espacio político, como mínimo ha perdido catorce diputados por no haber conseguido presentar una candidatura unitaria; catorce diputados que, sumados a los obtenidos, servirían para superar la zozobra e incógnita que hoy vivimos, y así asentar las bases para un gobierno progresista, capaz de abrir caminos de justicia y de igualdad o, dicho de una forma coloquial: de repartir equitativamente la tortilla.
    En este enorme error han caído. Han optado por la estrategia de potenciar las siglas, han puesto los intereses del aparato partidista por delante de las exigencias del pueblo que dicen defender, habrá que empezar a poner esto en duda. Ninguna alusión a la autocrítica, solamente Garzón mostraba su enfado ante las cámaras de televisión, al observar que para cada uno de sus diputados había necesitado casi medio millón de votos, mientras los diputados de otras formaciones, lo habían conseguido por sesenta mil.
    Desde los movimientos de base, siempre se ha soñado con la unidad de la izquierda. Estas elecciones nos han enseñado que esta unidad no puede hacerse de cualquier manera, no puede llevarse a cabo por métodos de absorción o fagotización de unos partidos sobre otros, anulando, de esta manera sensibilidades, matices y trayectorias políticas importantes. Así se evitarían desgarros, abandonos y problemas que se han causado y se están produciendo actualmente.
    La unidad de la izquierda, tan deseada como necesaria, ha de construirse sobre métodos de CONFLUENCIA, enriqueciendo ésta con esa pluralidad de matices, con esa historia y diferentes ópticas, favoreciendo la crítica interna, aportando crecimiento y trasparencia, evitando acomodos y burocratizaciones.
    Por estos caminos ha de transitar la nueva política, si es que así quiere denominarse. Ha de huirse de oportunismos cortoplacistas, si construir un proyecto de futuro se quiere, aunque, por mala fortuna, los pasos que en este sentido se están dando no apuntan buenos augurios.
    No sé si es hora, o queda tiempo para las rectificaciones; los que se han subido a la burra de la maquinaria electoralista, se han puesto unas orejeras que les impide ver esta realidad.
     Los que han quedado fuera de este enorme aluvión, tienen por delante una importante e ingente labor a realizar: Crear una importante mayoría social, basada en las diferentes mareas, movimientos sociales y culturales, capaces, de hacer cambiar de  estrategia a los nuevos reyezuelos del aluvión, así ha sucedido en Cataluña, Valencia y Galicia.
    Solamente desde las organizaciones que tengan sus raíces fuertemente ancladas en el pueblo,
podrán darse los cambios necesarios para alumbrar un futuro de justicia e igualdad
                                                                           
  

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